
Tengo que reconocer que una de mis debilidades es el juego. La timba me puede, pero como tengo prohibido ir a los burros, me la trato de rebuscar de otra forma.
Así, uno de los vecinos de Lomas del Mirador, donde está uno de los mejores bingos del conurbano, me dijo la semana pasada, conocedor de mis vicios: “Gambertti, usted que sabe tanto de fútbol, por qué no se juega unos pesitos para el Mundial”. Lo escuché y me puse averiguar en esta gran cosa, que es Internet.
Una vez más, me sorprendí de la falta de conocimiento del aficionado medio, ya que el favorito en las casas de apuesta es un equipo sin ninguna chance de llegar siquiera a semifinales, como España. Y el que realmente está para campeonar, salvo que suceda una catástrofe, aparece vigésimo cuarto. Mejor para mí: Suiza paga $201.
Para que comprendan, voy a jugar los cinco mil pesos que gané hace unos días en un juicio por un accidente de tránsito y el 12 de julio seré millonario. Millón y pico de mangos gracias a las burradas de los otros.
Paso a explicar: el primer mérito de los suizos es haberse convertido en el mejor equipo del planeta sin figuras de renombre. Si no me creen, los desafío: piensen ya en tres jugadores suizos de esta época o de todos los tiempos. Sólo les vendrán a la mente chocolates, relojes y bancos, pero ningún futbolista. Eso es fruto del trabajo colectivo y de un meticuloso armado táctico que demuestra que el conjunto está por encima de las individualidades.
A esta altura estarán pensando en qué baso mi sentencia para dar por hecho que Suiza es número uno. Simple: no le hacen goles. Recuerden que en Alemania 2006 se fue en octavos de final tras empatar 0 a 0 con Ucrania y luego perder en la definición por penales. Pero antes había ganado su zona: 0-0 con Francia y dos victorias por 2 a 0, a Togo y Corea del Sur. Es decir, se retiró de la copa con la valla invicta. Digan que los suizos son fríos, pero semejante logro ameritaba un recibimiento multitudinario en las calles de Zurich, algo que finalmente no ocurrió.
Porque lo que voy a decir lo sabe cualquier vieja que está en la feria con una bolsa: si no te hacen goles, no perdés. No es una ciencia ni hace falta ser un experto como yo para darse cuenta. Y para ser campeón es clave no perder, en especial a partir de los octavos de final.
Los detractores dirán que para ganar también hay que embocarla. Es cierto que Suiza se convirtió en aquella fatídica noche alemana en el primer equipo en no meter ningún penal en una definición mundialista. ¿Pero para qué sirve tener a un Messi que haga tres goles si el rival después te mete cuatro? Preferible asegurarse el cero en arco propio, como un día me dijo mi amigo personal Carlos Timoteo Griguol, a quien de paso saludo y le recuerdo que tenemos un café pendiente desde hace diez años.
Es más, hace poco coincidía con otro DT amigo, Diego Moya, de Los Gladiadores de Pompeya, que esta es la gran posibilidad de Suiza de entrar en la historia como uno de los mejores conjuntos de todos los tiempos, como la Argentina de 1990 o Paraguay de 1998. Inclusive, analizamos juntos aquel mítico empate sin goles ante Francia, una joya de pizarrón, y coincidimos en que ese duelo siguió los mismos lineamientos del que a mi entender fue el mejor encuentro de la historia de los mundiales, no tanto por lo que realmente se hizo adentro de la cancha, sino porque marcó el camino correcto para el resto de los entrenadores. Me refiero, obviamente, al Brasil – Inglaterra de Suecia 1958, cuando, por fin, se dio el primer cero a cero en una copa del mundo. Recordarán que soy más bilardista que Bilardo, por antecederlo en el uso de esquemas tácticos, y para los de nuestra ideología el cero a cero es el sumum del fútbol.
El natural favoritismo de Suiza se refuerza con un dato que podrán chequear en cualquier diario: en las eliminatorias europeas, los muchachos de los Alpes terminaron primeros en su grupo, con un promedio de menos de un gol en contra por partido. Es más, en las últimas tres fechas no recibieron tantos en su arco. Ni en la durísima visita a Moldavia, donde ganó dos a cero para sorpresa de muchos, entre lo que no me encontraba, por supuesto.
Otro dato más: el último campeón Mundial de la FIFA fue Suiza, que ganó holgadamente el torneo Sub 17 de Nigeria.
Ahora que creo haber demostrado que Suiza es el gran candidato, permítanme un consejo: si quieren hacerse millonarios, juéguenle unos pesitos a estos pibes de camiseta roja. Me lo agradecerán.
Hasta la próxima.
Así, uno de los vecinos de Lomas del Mirador, donde está uno de los mejores bingos del conurbano, me dijo la semana pasada, conocedor de mis vicios: “Gambertti, usted que sabe tanto de fútbol, por qué no se juega unos pesitos para el Mundial”. Lo escuché y me puse averiguar en esta gran cosa, que es Internet.
Una vez más, me sorprendí de la falta de conocimiento del aficionado medio, ya que el favorito en las casas de apuesta es un equipo sin ninguna chance de llegar siquiera a semifinales, como España. Y el que realmente está para campeonar, salvo que suceda una catástrofe, aparece vigésimo cuarto. Mejor para mí: Suiza paga $201.
Para que comprendan, voy a jugar los cinco mil pesos que gané hace unos días en un juicio por un accidente de tránsito y el 12 de julio seré millonario. Millón y pico de mangos gracias a las burradas de los otros.
Paso a explicar: el primer mérito de los suizos es haberse convertido en el mejor equipo del planeta sin figuras de renombre. Si no me creen, los desafío: piensen ya en tres jugadores suizos de esta época o de todos los tiempos. Sólo les vendrán a la mente chocolates, relojes y bancos, pero ningún futbolista. Eso es fruto del trabajo colectivo y de un meticuloso armado táctico que demuestra que el conjunto está por encima de las individualidades.
A esta altura estarán pensando en qué baso mi sentencia para dar por hecho que Suiza es número uno. Simple: no le hacen goles. Recuerden que en Alemania 2006 se fue en octavos de final tras empatar 0 a 0 con Ucrania y luego perder en la definición por penales. Pero antes había ganado su zona: 0-0 con Francia y dos victorias por 2 a 0, a Togo y Corea del Sur. Es decir, se retiró de la copa con la valla invicta. Digan que los suizos son fríos, pero semejante logro ameritaba un recibimiento multitudinario en las calles de Zurich, algo que finalmente no ocurrió.
Porque lo que voy a decir lo sabe cualquier vieja que está en la feria con una bolsa: si no te hacen goles, no perdés. No es una ciencia ni hace falta ser un experto como yo para darse cuenta. Y para ser campeón es clave no perder, en especial a partir de los octavos de final.
Los detractores dirán que para ganar también hay que embocarla. Es cierto que Suiza se convirtió en aquella fatídica noche alemana en el primer equipo en no meter ningún penal en una definición mundialista. ¿Pero para qué sirve tener a un Messi que haga tres goles si el rival después te mete cuatro? Preferible asegurarse el cero en arco propio, como un día me dijo mi amigo personal Carlos Timoteo Griguol, a quien de paso saludo y le recuerdo que tenemos un café pendiente desde hace diez años.
Es más, hace poco coincidía con otro DT amigo, Diego Moya, de Los Gladiadores de Pompeya, que esta es la gran posibilidad de Suiza de entrar en la historia como uno de los mejores conjuntos de todos los tiempos, como la Argentina de 1990 o Paraguay de 1998. Inclusive, analizamos juntos aquel mítico empate sin goles ante Francia, una joya de pizarrón, y coincidimos en que ese duelo siguió los mismos lineamientos del que a mi entender fue el mejor encuentro de la historia de los mundiales, no tanto por lo que realmente se hizo adentro de la cancha, sino porque marcó el camino correcto para el resto de los entrenadores. Me refiero, obviamente, al Brasil – Inglaterra de Suecia 1958, cuando, por fin, se dio el primer cero a cero en una copa del mundo. Recordarán que soy más bilardista que Bilardo, por antecederlo en el uso de esquemas tácticos, y para los de nuestra ideología el cero a cero es el sumum del fútbol.
El natural favoritismo de Suiza se refuerza con un dato que podrán chequear en cualquier diario: en las eliminatorias europeas, los muchachos de los Alpes terminaron primeros en su grupo, con un promedio de menos de un gol en contra por partido. Es más, en las últimas tres fechas no recibieron tantos en su arco. Ni en la durísima visita a Moldavia, donde ganó dos a cero para sorpresa de muchos, entre lo que no me encontraba, por supuesto.
Otro dato más: el último campeón Mundial de la FIFA fue Suiza, que ganó holgadamente el torneo Sub 17 de Nigeria.
Ahora que creo haber demostrado que Suiza es el gran candidato, permítanme un consejo: si quieren hacerse millonarios, juéguenle unos pesitos a estos pibes de camiseta roja. Me lo agradecerán.
Hasta la próxima.
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