
El partido de Argentina y Nigeria dejó mucha tela para cortar. Pero como seguramente ustedes ya recibieron explicaciones tácticas –en general absurdas y ridículas– en todos los programas de televisión, no analizaré las estrategias de los equipos. Ya habrá otros partidos menos populosos sobre los cuales explayarme.
Prefiero detenerme en otro aspecto menos tratado, como es la relevancia que tiene para el andamiaje del equipo la vestimenta del entrenador: ¿un buen traje modifica los resultados deportivos? Permítanme plantear mi postura: sin dudas que sí.
En primer lugar, realizo un razonamiento sencillo, aunque contundente: si Carlos Salvador usaba traje, algunos porotos debe aportar al score final. El Doctor no deja nada librado al azar. No existe aspecto sobre el que tenga una respuesta liviana. Mas cuando todos conocemos las bondades de un equipo de gimnasia Adidas y la incomodidad del cuello de la camisa, por más que se lleve desabotonado.
De todas formas, una de las tantas cosas que me enseñó la vida sin recurrir a los libros es que nada es absoluto. Regla de oro. En este caso particular que nos atañe, el uso traje tiene que circunscribirse al ámbito adecuado. Sino, los resultados pueden ser negativos.
Les doy un ejemplo: en aquel recordado 0-4 que sufrí con la séptima de Laferrere ante Almirante Brown, quise dirigir con traje para mostrar seriedad a mis jugadores. Me puse uno que me apretaba, que había comprado para el casamiento de mi hermana quince años atrás. Pero, en el trayecto entre mi casa de Lomas del Mirador y la parada del colectivo que me llevaría a Laferrere, me robaron el saco y los zapatos. Más tarde, ya cerca de la cancha, un perro me mordió los pantalones y los destrozó.
Además, llegué con los sobacos amarillentos, porque la camisa tiene que ser blanca, salvo que entrenador pueda vestirse en casas italianas, como el Cholo Simeone.
Así, con mi imagen hecha trizas, fue difícil imponer respeto ante los pequeños futbolistas. El resultado fue un 4 a 0 en contra, como ya comenté. ¿Si hubiera ido con equipo de gimnasia las cosas hubieran sido distintas? Quien sabe, déjenme creer que sí. Tal vez era un gol menos, con lo mucho que eso significa en el fútbol moderno.
Pero volviendo a Maradona, mi consejo es que cuide la estética. Lo que no significa que deba usar traje, claro está. Él debe pensar qué atuendo transmite lo que él quiere para el conjunto nacional. También debe imaginar cómo lo verán sus dirigidos y cómo afectará en la obediencia de éstos. Si me preguntan a mí, creo que el traje del sábado le sienta bien.
Aunque no hay que restarle méritos al sastre, ya que Diego debe ser de aquellos tipos a quienes nunca le coincide el ancho de espalda con el largo del saco, ni el diámetro de la cintura con la caída justa en el taco del zapato. Como le pasaba a mi amigo personal Carlos Timoteo Griguol, a quien de paso saludo y le recuerdo que tenemos un café pendiente desde hace diez años.
En resumen, no hay nada peor que los jugadores se rían del director técnico porque está mal vestido. Si eso ocurre, se acaba el ciclo, es el principio del fin, comienza una pendiente que es difícil de remontar. Como me pasó a mí con la séptima de Laferrere.
Prefiero detenerme en otro aspecto menos tratado, como es la relevancia que tiene para el andamiaje del equipo la vestimenta del entrenador: ¿un buen traje modifica los resultados deportivos? Permítanme plantear mi postura: sin dudas que sí.
En primer lugar, realizo un razonamiento sencillo, aunque contundente: si Carlos Salvador usaba traje, algunos porotos debe aportar al score final. El Doctor no deja nada librado al azar. No existe aspecto sobre el que tenga una respuesta liviana. Mas cuando todos conocemos las bondades de un equipo de gimnasia Adidas y la incomodidad del cuello de la camisa, por más que se lleve desabotonado.
De todas formas, una de las tantas cosas que me enseñó la vida sin recurrir a los libros es que nada es absoluto. Regla de oro. En este caso particular que nos atañe, el uso traje tiene que circunscribirse al ámbito adecuado. Sino, los resultados pueden ser negativos.
Les doy un ejemplo: en aquel recordado 0-4 que sufrí con la séptima de Laferrere ante Almirante Brown, quise dirigir con traje para mostrar seriedad a mis jugadores. Me puse uno que me apretaba, que había comprado para el casamiento de mi hermana quince años atrás. Pero, en el trayecto entre mi casa de Lomas del Mirador y la parada del colectivo que me llevaría a Laferrere, me robaron el saco y los zapatos. Más tarde, ya cerca de la cancha, un perro me mordió los pantalones y los destrozó.
Además, llegué con los sobacos amarillentos, porque la camisa tiene que ser blanca, salvo que entrenador pueda vestirse en casas italianas, como el Cholo Simeone.
Así, con mi imagen hecha trizas, fue difícil imponer respeto ante los pequeños futbolistas. El resultado fue un 4 a 0 en contra, como ya comenté. ¿Si hubiera ido con equipo de gimnasia las cosas hubieran sido distintas? Quien sabe, déjenme creer que sí. Tal vez era un gol menos, con lo mucho que eso significa en el fútbol moderno.
Pero volviendo a Maradona, mi consejo es que cuide la estética. Lo que no significa que deba usar traje, claro está. Él debe pensar qué atuendo transmite lo que él quiere para el conjunto nacional. También debe imaginar cómo lo verán sus dirigidos y cómo afectará en la obediencia de éstos. Si me preguntan a mí, creo que el traje del sábado le sienta bien.
Aunque no hay que restarle méritos al sastre, ya que Diego debe ser de aquellos tipos a quienes nunca le coincide el ancho de espalda con el largo del saco, ni el diámetro de la cintura con la caída justa en el taco del zapato. Como le pasaba a mi amigo personal Carlos Timoteo Griguol, a quien de paso saludo y le recuerdo que tenemos un café pendiente desde hace diez años.
En resumen, no hay nada peor que los jugadores se rían del director técnico porque está mal vestido. Si eso ocurre, se acaba el ciclo, es el principio del fin, comienza una pendiente que es difícil de remontar. Como me pasó a mí con la séptima de Laferrere.
Hasta la próxima, que será con menos costura y más fútbol.
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