martes, 13 de julio de 2010

Trabajar desde las carencias


Se terminó, señores. El Mundial es cosa del pasado para los argentinos de bien. Lo peor es que no tendremos que esperar cuatro años, sino ocho. O tal vez doce. Porque a los brasileros se les escapó de locales una vez. Olvídense de que suceda dos veces. Y si en el 18 lo organizan los ingleses, expertos en robo, la cosa se complica.
Pero esto tiene que dejar sus lecciones, como en cualquier golpe que da la vida. Si queremos ser un equipo serio, como Uruguay o Suiza, tenemos que corregir muchas cosas. Ya los panqueques periodistas deportivos dijeron varias. Muy tarde, como siempre. Por eso no voy a explayarme demasiado. Porque se imaginarán que un tipo con la experiencia de Gambertti puede dar un seminario de dos semanas para analizar los primeros diez minutos del partido. Señores, sólo me voy a centrar en una cuestión, que también pueden tomar para su trabajo o para el colegio de los chicos: trabajar desde las carencias.
Que me disculpe Maradona, pero un buen técnico no empieza su trabajo desde lo que tiene, sino desde lo que le falta. Por ejemplo, cuando Gambertti asumió en la séptima de Laferrere se encontró que había déficit de marcadores centrales. Y no salimos a la cancha como si nada pasara. No podíamos ir al frente para bancar los contragolpes con el Flaco Prandelli y Maleta Juárez. No, señores. Saqué a un delantero y puse dos estóper, dos laterales y un líbero. La idea era meter cinco tipos atrás para reforzar la zona. Y en aquel fatídico choque contra Ituzaingó, agregué un líbero para frenar a los tanques de ellos. Tenía líbero izquierdo y líbero derecho, una novedad de pizarrón. El dibujo quedó 6-4-0, con uno de los volantes más adelantados que hacía las veces de punta si no tenía obligaciones de marca.
Tengo que aclarar que no funcionó, porque nos comimos 6 goles, uno por defensor. Eso sí, señores, todos por errores individuales. Por eso digo que los pibes me hicieron la cama y que los códigos en el fútbol dejaron de existir.
No quiero desviarme, quedémonos con lo conceptual: no sirve desconocer la inferioridad ante el rival. Hay que aceptarla y analizar cómo se neutraliza. Sólo así se podrá conseguir fútbol de alto vuelo, como el que se vio en Paraguay – Japón.
No es cuestión de atacar por atacar. Sino miren a mis pollos, los suizos, que le hicieron un gol en siete partidos y no siguen en la Copa por esas cosas del fútbol. Y no se olviden del récord que consiguió, que vale tanto como llegar a la final. O los uruguayos, que con menos jugadores que los argentinos ya están entre los cuatro mejores.
Fíjese, lector, si en su trabajo tiene puntos flojos ¿Qué haría? Le doy un ejemplo: si usted no sabe inglés no se va a mandar a una entrevista con un yanqui. Y si lo hace, es un estúpido. Le puede salir bien una vez. Tal vez dos. A la tercera busque un traductor, aprenda inglés o mejor no vaya, porque le van a pintar la cara. En el fútbol, como en la vida, pasa lo mismo.
Hasta la próxima

No hay comentarios:

Publicar un comentario