martes, 13 de julio de 2010

La figurita difícil


Una vez me dijo un vecino de Lomas del Mirador que las leyes del marquetín son implacables. Esa palabra usó, “implacable”, como si se tratara de un periodista deportivo hablando del nueve goleador. Por eso me acuerdo. También me contó que se realizan sondeos de opinión, encuestas, entrevistas con psicólogos sociales y todo tipo de estudios antes de sacar un producto. Todo eso se me vino a la mente cuando gracias a mi hijo descubrí una perla: las figuritas difíciles de este mundial.
Por supuesto, recordé al instante aquellas famosas chapitas que te cortaban la cutícula en la década del 70 y te obligaban a correr en busca de una maestra que te hacía llorar como un marrano al ponerte ese líquido rojo de porquería.
En esa época también había un selecto grupo de fichus que eran inhallables. Siempre hubo figuritas difíciles. No están por ningún lado, nos las tiene nadie. Por más que busqués, que cambies de zona o que pongas un aviso clasificado: las difíciles son una tortura para los pibes.
En su momento fue Togneri de Estudiantes de La Plata, en otros Jorge Carrascosa. Eso en el plano local. Y en los mundiales, Toto Schillacci en Italia 90, Oleg Salencko de Rusia en Estados Unidos 94 o el coreano Hong Myung Bo en el 2002.
Pero para Pascual Gambertti, y por consiguiente para su hijo, nada es imposible. En eso heredé el tesón de mi viejo, un napolitano enfermo del Diego que le rezó 30 días seguidos a San Genaro para que el Napoli consiguiera el primer Scudetto.
En Alemania 74 me acuerdo que me tomé el 242 hasta Ramos Mejía para conseguir al pelado Gregorz Lato, a la postre goleador de ese mundial. Yo sabía que un compañerito lo tenía, pero antes de que la pusiera en juego en una histórica tapadita tuve que perder 70 repetidas. Nunca me voy a olvidar de ese vuelo del haitiano Emanuel Sanon que desde mi muñeca derecha fue a parar al margen izquierdo superior del polaco: inigualable. Fue el único álbum que llené en mi vida y de allí salí corriendo como poseído al kiosco de Rossetti, en la esquina de casa, a retirar una número cinco de gajos hexagonales negros y blancos.
Porque antes, señores, el que llenaba tenía su premio, no como ahora que ni las gracias te dan. Al contrario, si te faltan podés pedir el servicio de álbum lleno a la empresa, pero te cobran cada figurita al precio de un paquete. Si eso no es inflación, qué será entonces.
A modo de anécdota, les cuento que Gambertti se inició en la dirección técnica con esa pelota, y en los mundiales siguientes pegaba las figuritas en unas cartulinas de color celeste donde dibujaba una cancha con la regla T y armaba los esquemas y las estrategias que hoy en día sigo utilizando.
Pero como decía, las difíciles son el enemigo número uno de la sonrisa de un pibe. Si no que lo diga mi amigo y colega Jorge Sillone que aún hoy se lo nota desolado porque lleva 12 años buscando al nigeriano George Finidi y al búlgaro Kasimir Balakov del mundial Francia 98.
Toda esta introducción venía a cuenta para confirmar que Gambertti siempre está un paso adelante de los demás, se anticipa a los acontecimientos. Cuando la etapa clasificatoria está por terminar y ya llevamos con Pascualito Jr. más de un mes juntando figuritas, sobre 57 faltantes, 9 son de Suiza. Señores, casi un 17% de las inhallables pertenecen a nuestro candidato, que más allá de una derrota llena de suspicacias mantiene intactas sus posibilidades.
Los especialistas del marquetín no pueden equivocarse: nada de Messi, Robinho, Robben, Cristiano Ronaldo, ni ocho cuartos.
Las figuras que nadie tiene son jugadores como Benaglio, Grichting, Spycher, Senderos, Yakin, o Nkufo.
Atención, nota de Gambertti, padre e hijo: se cambian 25 X 1.
Se buscan las figuritas de Suiza números 582,583, 586, 587,588, 595, 598, 599. La más difícil de todas, la 594 del héroe nacional Gelson Fernández, se cambia por 50.
Hasta la próxima
PD: Repito: ojo con Uruguay.

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